Por lo visto no estaba suficientemente alcoholizado, azulado
y medio drogado el niño que tenía al
lado, tendría que volver a ponerle alguna dosis, en alguna zona de su diminuto
cuerpo donde no se notase demasiado la diferencia, mientras que al tiempo se enjugaba
las lágrimas y se seguía preguntando como era posible que hubiese llegado a ese
lugar.
Mucha gente habla de las mafias de mendigos pero para los transeúntes es una realidad
aparte dominada solo por monedas y bajos “de nada” rodeados por falsas miradas
de tristeza, en caso de que las haya, porque la mayoría de veces ni esas, y
tampoco es descabellado que sea así, la mendicidad está cada vez más extendida
y no solo como fraude.
Recogió sus pocas pertenencias y monedas y salió camino de
la estación, misma dirección de siempre, mismo lugar de siempre y misma carga
de siempre.
El niño llevaba ya rato sin hacer nada y la carga empezaba a
ser demasiado pesada.
Se lo devolvió a su madre, otra mujer que como ella se
dedicaba a viajar por las calles en busca de algo que realmente la llenase y no
solo los bolsillos. Espero que en sus brazos el niño reencontrase la vida que
las drogas suministradas habían callado, esperando que fuese por poco tiempo.
Se fue a su rincón habitual, se echó las manos alrededor de
las rodillas y hundió la cabeza en ellas, buscaba desesperadamente una salida a
ese tipo de vida, de agobio, de rutina, de no tener que cargar con vidas jóvenes, la mayoría de ellas perecederas y en muchas
ocasiones olvidadas, gente sin rostro ni cara, deseaba desesperadamente poder
salir de allí y olvidarlo todo, regresar a algún sitio que pudiese llamar casa.
Aunque antes de llegar a esa situación, en su vida anterior,
su realidad no era muy diferente, adicta a otras drogas, otras cargas, otros
sitios, y el mismo sentimiento de soledad y frio, y no solo corporal.
“Nadie nos prepara para los fracasos, ni mentales, ni emocionales.
Ni nada.
y por suerte o por desgracia los parches del corazón
aun no existen”.
Escribió en un bidón antes de ver como llegaba gus a cobrar
lo suyo, como cerraba los ojos de nuevo a una realidad que le agobiaba…